
La primera vez que supe que quería estudiar Literatura es algo que no recuerdo. No considero que haya sido una epifanía ni nada por el estilo. Sé de muchas personas que dicen que se despertaron un día con una gran duda existencial y un libro los ayudó a resolver cuál era su destino. Eso me parece una gran mentira; es posible que un libro te ayude a observar o interpretar una situación de cierta manera o hasta que aclare un poco la visión acerca de un tema específico, pero no creo que te solucione la vida de un momento a otro, nada lo hace.
Me incomoda que la gente trate de engañar a los demás con este tipo de historias, me molestan mucho las etiquetas. Cuando dije que quería estudiar literatura, la mayoría de personas en mi familia pensaron que sería profesora; no tengo nada en contra de ellos, es más muchos de mis profesores han sido mi ejemplo a seguir y les tengo muchísimo cariño y respeto, pero no es algo que llame mi atención -y ese misterio lo he resuelto hace poco-. En cambio, otras personas, empezaron con las siguientes AFIRMACIONES, sí, afirmaciones, lo cual me parece increíble hasta ahora; decían que los escritores (porque nunca saben diferenciar a un escritor de un literato) son alcohólicos, flojos, drogadictos, vagos y demás, lo que significaba que si yo estudiaba Literatura me iba a convertir en todo eso.
Para información general: tomo solo en reuniones, jamás he probado tipo alguno de droga porque no va conmigo y si le preguntan a cualquier persona que me conozca "floja" o "vaga" no estará en sus descripciones hacia mi persona. Soy una chica común y silvestre, con una imaginación muy activa, cariñosa, amable, risueña, engreída de papá, cómplice de mi hermana, compañera de mamá, fiel amiga, aún más fiel novia, organizada, perfeccionista y medio ingenua. El cigarro me da un terrible dolor de cabeza, aunque intenté seguir la "moda" en algunas ocasiones, escucho todo tipo de música (lo digo en serio, soy tan fan de Metallica, los RHCP, Aerosmith y Mago de Oz como de Katy Perry, Ella Fitzgerald, Nat King Cole y El Puma Rodríguez). Es algo que la gente no entiende muchas veces, pero ya me resigné a ser entendida.
Pero volvamos al punto, queridos lectores, si es que alguien en verdad me está leyendo y no soy solo yo escribiendo para terminar con mi tormento espiritual. Si en algún momento decidí estudiar literatura o supe que los libros serían parte de mi vida fue cuando tenía seis y mi papá me leía "Oshta y el duende", de Carlota Carvallo. No sé qué edición era, solo recuerdo un tapa color rosado, el olor a hojas gastadas y el brazo de mi papá alrededor de mi espalda, acurrucándome para dormir. Fue en ese instante, en el que esperaba quue fuese la noche siguiente para seguir con el cuento que supe que mi vida estaría rodeada de letras. Luego, a los trece años empecé a escribir, cosas que ahora me parecen tonterías, a las que no le encuentro sentido si las releo. Sin embargo, es más que necesario admitir que si no fuese por los esfuerzos de mi hermana, las palabras de los profesores, los ánimos de mis amigos y la determinación y constancia de mis padres (y qué determinación) no estaría donde estoy hoy.
Los pasos que he dado hasta hoy y los que daré también recibirán la ayuda de aquellos que están en mi vida -mi pequeña familia de sangre y de amor-, pero ahora es momento de que dé la iniciativa. La incertidumbre me mata a veces, pero a veces antes de encontrar el equilibrio se necesita algo que mueva tu mundo tan violentamente que saque a relucir lo que no estás viendo.
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