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Si debes irte, no lo hagas en silencio,
susurra en mi oído que debes irte.
Si debes irte, no lo hagas a hurtadillas,
toca la puerta y dime que es momento,
abre las cortinas y dime que quieres volar.
Si debes irte,
si no hay otra opción
y a pesar de nuestros ruegos no encuentras otra salida,
no me dejes en la oscuridad
de lo que podría ser
y avísame que el sueño ya llega.
Si debes irte,
si, de verdad, tienes que hacerlo,
déjame mandar una encomienda al abuelo
para que vea las fotos de estos años
y sepa cuánto lo extraño.
Si debes irte,
a pesar de los cañaverales,
las quebradas y el río que ves desde casa,
deja que esté a tu lado
para darte fuerzas.
Si debes irte,
permite que te disuada,
permite que el mudo clamor de mis ojos
hagan que no te rindas.
Si debes irte
y nada de esto te persuade,
ve tranquila, corre a los brazos tiernos
de quien tanto quiero y extraño.
Si de verdad,
no estarás en la próxima visita
y no podré abrazarte,
deja que te mande un poema cada mañana
a través del viento húmedo de Lima.
Si te vas,
si de veras no podré abrazarte de nuevo,
quiero decirte que recordaré tu sonrisa
y cada gesto dulce que compartías conmigo.
Si te vas,
déjame decirte
que no quiero que te vayas,
que quiero que te quedes,
que te quiero
y punto.
A Gertrudis. Fuerza.
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