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La noticia de Amy Winehouse muerta, a diferencia de la reacción de muchas personas, me tomó por sorpresa. Estuve largo tiempo "ida", pensando que la historia se volvía a repetir: Janis Joplin, Kurt Cobain, James Morrison y otros más a quienes la prensa, irónicamente, ha llamado el tristemente célebre grupo "El club de los 27".
Como muchos de ustedes, escuché a Amy Winehouse allá por el 2006 con su segundo disco "Back to black", que estoy escuchando ahora mientras pienso en cómo gente con tal creatividad y grandeza para ciertos aspectos de la vida puede irse tan rápido.
Una gran melancolía se ha apoderado de mí, como fanática de ella que soy y es verdad que muchos tendrán el comentario "Eso le pasa por drogadicta y alcohólica" o "Eso le pasa por sus excesos" y puede que tengan razón, a pesar de que me parece un comentario algo cruel. Al menos yo, no quiero recordarla así, al menos muchas personas que escuchamos sus canciones y admiramos su creatividad y crudeza en sus historias; el corazón, el sentimiento que inyectaba en cada canción pensamos que es bueno recordarla como artista y ser humano, con cada virtud que tuvo a lo largo de su vida.
En dos álbumnes enfrentó a todos sus demonios, aunque no fue suficiente. Así que hoy, días después de su muerte quiero dejarlos con la imagen que está allí arriba que lee "FUCK DEATH, LIVE FOREVER", así como muchos artistas que se fueron antes de tiempo, vivirá siempre en aquellos que escuchemos y admiremos su música; y al mismo tiempo, pienso seguir esa filosofía cada día; la muerte no importa, importa la huella que dejes a lo largo de tu vida. Así que los invito a mandar bien lejos a la muerte, seamos inmortales con cada buena acción, con cada muestra de cariño, con empuje, con ganas, con humildad. Al fin y al cabo, la inmortalidad no es acerca del hombre, es acerca de cómo ese hombre ha vivido.
Descansa en paz, Amy
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