miércoles, 11 de enero de 2012

El primero del ciclo


El dolor, me dicen, es una de las herramientas
más poderosas para escribir.
me convertiré en Rimbaud y Neruda
y dejaré de creer y de amar por un día
y volveré a amar y me dolerá al siguiente,
dejaré de creer en todo y todos.
Las flores marchitas cubren mi cuerpo,
no quiero sentir como me consumen,
duele.
Los gusanos,
largos como serpientes
rodean mi cuello y les pido que sean letales
que me maten
que ya no me duela.
Dante me llama a medianoche
y me dice que lo siga al cielo,
pero le tengo miedo al camino,
no quiero reavivar las llagas
de esa herida súbita
que sentí mortífera ayer.
Hoy no quiero amar tanto,
me duele amar
y siento cómo mi cuerpo se convierte en nada
y el cosquilleo de mi pecho
es una puñalada inocente
que está bañada en mis propias lágrimas
consecuencia de creer en ojos atigrados.
Bukowski me acerca una botella de ron
me pide que lo olvide todo
han pasado más de veintidós horas,
así que es mejor que me olvide.
Tomo la botella
y la vacía de un solo sorbo,
soy mejor que eso,
soy más fuerte que esto,
pero otra botella no me caería mal

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